viernes, 7 de octubre de 2011

Y la Pluma Venció a la Espada...

“Del otro lado de la reja está la realidad, de/ este lado de la reja también está/ la realidad; la única irreal es la reja...” Así dice uno de los últimos poemas de Francisco Urondo, o Paco para sus amigos, cuyos asesinos fueron condenados ayer en Mendoza. En Wikipedia hay una biografía sucinta, una foto de Paco de medio perfil en la que, por algún misterio sus ojos han perdido la picardía de esas salidas picantes que siempre tenía. Dice: “Santa Fe, 10 de enero de 1930-Mendoza, 17 de junio de 1976, escritor, periodista, guerrillero y militante político nacido en Argentina”. Un texto, que también por algún misterio ha perdido esa inquietud vital, la geometría de sus movimientos y hasta la calidez que siempre tenía cuando se relacionaba con otras personas o cuando hacía su vida y decidía cosas y las comentaba generosamente con gran capacidad para hacerse querer.
Habla de sus parejas, Graciela “Chela” Murúa, con la que tuvo dos hijos, Claudia y Javier; de Zulema Katz; de Lilí Mazaferro, y, ya en la dictadura, de Alicia Raboy, con quien tuvo a su hija Angela. No dice que con Lilí Mazaferro eran compañeros de militancia en las FAR, una organización guerrillera que luego se fusionó con Montoneros, y que Alicia Raboy estaba junto a él en Mendoza cuando interceptaron el auto donde se trasladaban y le pegaron dos tiros en la cabeza. Da cuenta de sus numerosos libros, de su trabajo como guionista de cine y televisión. Pero, quizá porque no es tan importante, no hay un relato por ejemplo de cuando recitaba sus poesías y Juan Gelman las suyas, los dos poetas codo a codo, en aquella época no tan conocidos, en algún bar de Buenos Aires, presumiblemente de la calle Corrientes. Algún bar lleno de humo de cigarrillos y de jóvenes que escuchaban a los poetas deletrear palabras entre sus amores y las revoluciones, historias de personas comunes y no tanto, en esos bares de bohemia y poesía.
Primero fue titiritero con Fernando Birri y su primera mujer en el grupo El Retablo de Bartolo. Pero más que nada era poeta y se dedicó a la poesía: en los ’50 estuvo en el Movimiento Poesía Buenos Aires y en los ’60 en Zona de Poesía Americana. Aparte de cinco obras de teatro, una novela, dos libros de cuentos, escribe poesía prolíficamente (dejó ocho libros) y lo dice: “Empuñé un arma porque busco la palabra justa”, o como lo dice en otro poema: “Mi confianza se apoya en el profundo desprecio/ por este mundo desgraciado/ Le daré la vida/ para que nada siga como está”.
En esa confluencia de la palabra con la vida, Paco Urondo se incorporó a las FAR, siguiendo de alguna manera los pasos de su hija Claudia. En el final tumultuoso de la dictadura de Lanusse cayó preso y le tocó compartir la misma celda, la noche previa a la liberación del 24 de marzo de 1973, con los tres sobrevivientes de los fusilamientos de Trelew: Alberto Camps, Ricardo Haydar y María Antonia Berger. El militante, el periodista y el poeta que era se unieron esa noche y de allí salió el libro La patria fusilada.
Paco participó en los proyectos de prensa de Montoneros, pero en 1976 fue enviado a Mendoza. Su amigo Rodolfo Walsh comentó luego su muerte: “El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas... Fue temiendo lo que sucedió. Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución de los dos coches a la par...” Tras esa larga persecución y tiroteo, una de sus acompañantes pudo escapar, su esposa Alicia fue secuestrada y desaparecida y a él le dieron dos tiros en la cabeza

Luis Bruschtein
Página/12; Buenos Aires, Viernes 7 de Octubre de 2011-

domingo, 25 de septiembre de 2011

Sin Distinción de Partido

El rostro de un candidato político en una valla publicitaria
Ahí está:
No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio

No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado

7 pares de zapatos

un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética

seguro que le eligen.

Charles Bukowski

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las Palabras Andantes

El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza:
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cancer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.

Eduardo Galeano
  

Compañeros de viaje, es un grato placer compartir con ustedes esta joyita que me obsequiara María Soledad Arzamendia.
Gracias Marisol.  

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ñe'-e

En lengua guaraní, ñe’~e; significa “palabra” y también significa “alma”.

Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma.

Eduardo Galeano

martes, 6 de septiembre de 2011

De los Espacios Virtuales



     Y aquí estamos, aún transitando la kronosphera... Han pasado muchos clics desde la última entrada, es cierto. No menos cierto es que varias veces he estado a punto de cerrar el blog, de dar por terminado el viaje, de no seguir aceptando el desafío de la página en blanco... Después de todo,  hay tantas otras alternativas más atrayentes.  Alternativas cada vez más masivas -aqué negarlo!-, y con la ventaja de que se tendrán que leer, a lo sumo, 140 caracteres.
      Pero la Kronosphera sigue abierta... Y el Terranauta aún conserva la esperanza de que existan quienes sean capaces de leer más de 140 caracteres...
     La presencia de Goran Bregovic no es casual. Fue la cortina de inicio de una hermosa experiencia radial llamada "Mejor no Hablar de Ciertas Cosas", que realizamos hace un tiempo junto a Matías Ruiz Díaz Yoris y Marijó Leguizamón, en la Radio Municipal de Reconquista, Provincia de Santa Fe,  Argentina. No hace mucho lo compaertí con ellos en Face,  y Matías me dijo: ",,,hasta se me hace que cuando ve terminando el tema se enciende la luz roja y tenemos que empezar a hablar de algo...". 
     Ese "hablar de algo" fue el que me impidió cerrar el blog y me impulsó a seguir aceptando el desafío de la página en blanco.
     Porque de "hablar de algo" se trataba ese programa de radio hecho con mucha buena intención, pocos (poquísimos!) recursos y cero ganancias. "Hablar de algo" era lo que nos convocaba durante dos horas, música de por medio. Hablar, decir, expresarnos y dejar que se expresen los demás,  sin censuras,  sin preconceptos, con respeto. "Hablar de algo" convocaba en torno al micrófono a una pléyade de personas y personajes que tenían ganas de decir cosas más o menos importantes,  y en más de 140 caracteres. 
      Expresarse en no más de 140caracteres no es malo. En muchos casos requiere una capacidad de síntesis y abstracción importantes.  Lo malo, desde el punto de vista del Terranauta, es que leer más de 140 caracteres se ha vuelto una tarea tediosa,  titánica, para muchas personas. O si no, hagan la prueba de publicar o incluir un artículo de varios párrafos, y luego vean cuántos "posteos" tiene.  Pero lo terriblemente grave es que nos estamos acostumbrando a hablar con menos de 140 caracteres. 
     Hasta aqui llego... Quiero ver los comentarios. 
 
    

domingo, 27 de febrero de 2011

Calle 13 - Latinoamerica (HD video original de www.lacalle13.com)

Sí, Queremos!!!

http://www.youtube.com/watch?v=3CQ__oVoXfY

Hace un año, las fuerzas de la naturaleza hicieron sentir su furia sobre esta hermosa franja de nuestra América llamada Chile. La Tierra y el Mar nos recordaron que, más allá de las obras humanas, la Naturaleza es quien gobierna y, tarde o temprano, se cobra su tributo.
Toda tragedia conlleva un dejo de esperanza. Todo luto tiene un término. Las lágrimas deben secarse para que nuestros ojos puedan volver a ver, claro y nítido, el nuevo horizonte.
"Si queremos, podemos escribir la historia nueva..."
Reconstruyamos, entes que nos reconstruyan. No desechemos los escombros; que se conviertan en el cimiento de una vida nueva, de una historia nueva.
Hace un año, demostramos nuestra solidaridad, tendimos nuestra mano, nos sumamos codo a codo. No olvidemos esos gestos. Hagámoslos parte de nuestra cotidianeidad.
A un año del terremoto y maremoto, Arriba Chile! Fuerza Chilenos!

ILLAPU: Si queremos

jueves, 17 de febrero de 2011

Un día Como Hoy

En 1600, Giordano Bruno es condenado a morir en la hoguera por blesfemo, hereje, inpenitente, pertinaz y obstinado. Su único pecado fue expresar en escritos y en conferencias sus ideas sobre la pluralidad de los mundos y los sistemas solares, predicar el heliocentrismo y la infinitud del universo. A pesar de las llamas oscurantistas de los "guardianes de la fe", sus observaciones científicas onfluenciaron a otros pensadores, y se lo considera uno de los precursores de la "Revolución Científica".
En 1742, el Gobernador Jo´se Manso de Velasco funda la ciudad de Talca, que en mapudungun signifia "sitio del trueno".
En 1766 nace el economista y demógrafo Thomas Malthus, quien afirmaba que "los pobres se multiplican, presas del vicio y del instinto de reproducción, sin obstáculos suficientes y aún en condiciones de misera, entre otras cosas por su irresponsabilidad...". Cualquier semejanza con opiniones similares de ciertos estamentos de nuestra sociedad actual,es pura coincidencia.
En 1867 nace un fabricante de dulces tentaciones: Willian Cadbury.
En 1948 nace Luis Zamora, un apóstata del socialismo argentino.
En 1997 muere el etnólogo, sociólogo y antropólogo brasilero Darcy Riveiro, autor de esa tremenda obra lammada "Las Américas y la Civilización", con la cual nos obsequiara en sus clases el benemérito Hugo Nalli.
Un día como hoy pasaron muchas cosas. Unosnacieron,otros murieron, se produjo el primer "reperto" de Polonia (1772), se estrenaron "Un Ballo in Maschera", "El lago de los Cisnes" y "Madame Butterfly", Edison presentó la primera prueba de cine sonoro, y hasta se lanzaron satélites meteorológicos.
Pero lo más importante es que, un día como hoy, tenemos la oprtunidad de hacer y rehacer, de construir sin destruir,y de seguir amando a quienes tenemos a nuestro lado.
Buena jornada Terranautas! Que la corriente de la Vida os lleven por mares tranquilos hacia puertos no tan seguros, asi tendreís oportunidad de valorar vuestra capacidad de vivir plenamente!

jueves, 10 de febrero de 2011

"Sueños de Nubes"

No existe ninguna ciudad que esté más íntimamente ligada a los libros que París. Si Giraudoux tiene razón cuando dice que el sentimiento de libertad humano más acabado es el de seguir el curso de un río caminando lentamente, entonces aquí el ocio más perfecto, es decir, la libertad más dichosa, conduce al libro y se sumerge en él. Pues hace siglos que la hiedra de hojas sabias se prendió de los muelles despojados del Sena: París es un gran salón de biblioteca atravesado por el río.
No hay monumento alguno en esta ciudad que no haya servido de inspiración a una obra maestra de la poesía. Nôtre Dame –pensamos en la novela de Victor Hugo–; la Torre Eiffel –Los novios de la Torre Eiffel de Cocteau, y, con Plegaria en la Torre Eiffel, de Giraudoux, llegamos a la altura vertiginosa de la literatura más moderna–; la Opera –con la famosa novela policial de Leroux El fantasma de la Opera, llegamos al sótano del edificio y al de la literatura–. El Arco de Triunfo se extiende alrededor de la tierra con Le Tombeau sous l’Arc de Triomphe, de Raynal. Esta ciudad se inscribió indeleble en la literatura porque tiene un espíritu afín a los libros. ¿No fue ella quien proyectó desde hace tiempo, cual un novelista versado, los cautivantes argumentos de su construcción? Ahí están las anchas avenidas militares, cuya función, antiguamente, era asegurarles a las tropas el acceso a París desde Porte Maillot, Porte de Vincennes, Porte de Versailles. Y un día, de la noche a la mañana, París tuvo las mejores autopistas de todas las ciudades de Europa. Está, por ejemplo, la Torre Eiffel –un monumento puro y libre de la tecnología construido con espíritu deportivo– convertido un día, de la noche a la mañana, en una estación de radio europea. Y los inmensos espacios vacíos: ¿no son hojas festivas, láminas en los tomos de la historia universal? En números rojos brilla el año 1789 en la Place de Grèves. En la Place des Vosges, rodeado de techos angulares, donde él halló la muerte: Enrique II. Con rasgos borroneados, una letra indescifrable en aquella Place Maubert, antiguamente el acceso al París tenebroso. En el intercambio entre ciudad y libro existe una de estas plazas que encontró su lugar en las bibliotecas: las famosas ediciones de Didot del siglo pasado llevan como marca de imprenta la Place du Panthéon.
La ciudad se refleja en miles de ojos, en miles de objetivos. Porque no sólo el cielo y el ambiente, sino también las propagandas luminosas en los bulevares nocturnos hicieron de París la Ville Lumière. París es la ciudad-espejo: liso como un espejo, el asfalto de sus calles. Vidrieras delante de todos los bistrots: aquí las mujeres se miran más que en otras partes. De estos espejos surgió la belleza de la mujer parisina. Antes de que la vea el hombre, ya la juzgaron diez espejos. También al hombre lo envuelve un exceso de espejos, especialmente en los cafés (para parecer más luminosos y dar aspecto de agradable amplitud a todos los ínfimos recintos y espacios mínimos en que se dividen los bares de París). Los espejos son el elemento espiritual de esta ciudad, su escudo, en el que todavía se inscriben los emblemas de todas las escuelas literarias.
Así como los espejos devuelven todos los reflejos de inmediato pero invertidos en su simetría, lo mismo sucede con la técnica de la oratoria de las comedias de Marivaux: así como a un Hugo o a un Vigny les gustaba atrapar ambientes y darles a sus relatos un “trasfondo histórico”, los espejos traen el exterior animado, la calle, hacia el interior del café.
Los espejos que cuelgan, opacos y descuidados, en las tabernas son el símbolo del naturalismo de Zola; reflejándose unos a otros en una hilera interminable, son un equivalente del infinito recuerdo del recuerdo en el que se convirtió la vida de Marcel Proust bajo su propia pluma. Aquella reciente colección de fotos “París” cierra con la imagen del Sena. El es el gran espejo siempre despierto de París. Día a día, la ciudad arroja como imágenes sus edificios sólidos y sus sueños de nubes a este río, que acepta las ofrendas con misericordia y, como signo de su benevolencia, las quiebra en mil pedazos.

De rosa los jorobados

Marsella. Dentadura amarilla y cariada de lobo marino, a la que el agua salada le chorrea entre los dientes. Y cuando su garganta se apodera de los cuerpos negros y morenos de los proletarios con que las compañías navieras la alimentan respetando su horario, exhala olores de aceite, de orina y de tinta de impresión que vienen del sarro que se le pega a los maxilares impetuosos: quioscos de diario, baños y puestos de mariscos. Los habitantes del puerto parecen un cultivo de bacilos; changarines y prostitutas, productos de la podredumbre que semejan hombres. Pero el paladar es rosado. Aquí el rosado es el color de la deshonra, de la miseria. De rosa se visten los jorobados y las mendigas. Y las mujeres desteñidas de la rue Bouterie dan ese único color a su único atuendo: camisas rosadas.

Pequeños martillos

San Gimignano, Italia. Qué difícil puede llegar a ser encontrar las palabras para lo que se tiene ante la vista. Pero cuando finalmente se encuentran, golpean contra lo real con sus pequeños martillos hasta que repujan la imagen como si la realidad fuera una planchuela de cobre. “A la noche las mujeres se reúnen en la fuente ante la puerta de la ciudad para buscar agua en grandes cántaros”: recién cuando encontré estas palabras surgió el cuadro con elevaciones duras y sombras profundas de entre las vivencias que me habían deslumbrado. ¿Qué sabía yo antes de los prados blanco chispeante que montan guardia a la tarde con sus pequeñas llamas ante el muro de la ciudad? En qué estrechez debían arreglárselas antes las trece torres y con qué circunspección ocupó cada una su sitio desde entonces. Y entre ellas todavía quedaba mucho espacio.
Si se viene de lejos, la ciudad da la sensación de haber entrado al paisaje de pronto, imperceptiblemente, como a través de una puerta. No parece que uno pudiera llegar a acercársele jamás. Pero una vez que esto se logra, uno cae en su regazo y no puede encontrarse a sí mismo entre tanto canto de grillos y griterío de niños.

Café crème

Quien se haga traer el desayuno a la habitación de su hotel de París en bandeja de plata, acompañado por bolitas de manteca y mermelada, no sabrá nada de él. El desayuno tiene que tomarse en el bistró, donde, entre los espejos, el petit déjeuner es él mismo un espejo cóncavo entre espejos, que refleja la imagen en miniatura de esta ciudad. En ninguna comida los ritmos son tan diferentes, desde el gesto mecánico del empleado que toma su vaso de café con leche de un solo trago en el mostrador hasta el placer contemplativo con que un viajero vacía lentamente su taza en el intervalo entre dos trenes. Y tú mismo, tal vez, te sientes a su lado, a la misma mesa, en el mismo banco y, sin embargo, estás lejos y solo. Sacrificas tu ayuno matinal para tomar o comer algo. Y junto con el café tomas quién sabe cuántas cosas: tomas toda la mañana, la mañana de ese día y a veces también la mañana perdida de la vida. Si de niño te hubieras sentado a esta mesa, cuántos barcos habrían cruzado el mar de hielo de la losa de mármol. Habrías sabido cómo es el mar de Mármara. Mirando un iceberg o un velero, habrías tomado un trago para papá y otro para el tío y otro para tu hermano hasta el borde grueso de tu taza, precordillera ancha sobre la que reposaban los labios; la nata se habría acercado flotando. Qué débil se ha vuelto tu asco. Qué higiénico y rápido es todo ahora: bebes; no remojas el pan en el café, no lo desmigas. Dormido, tomas la madelaine de la panera, la partes y ni siquiera te das cuenta cuán triste te pone no poder compartirla.

La memoria, la azada

Así como la tierra es el medio en el que yacen enterradas las viejas ciudades, la memoria es el medio de lo vivido. Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Ante todo, no debe temer volver una y otra vez a la misma circunstancia, esparcirla como se esparce la tierra, revolverla como se revuelve la tierra. Porque las “circunstancias” no son más que capas que sólo después de una investigación minuciosa dan a luz aquello que hace que la excavación valga la pena, es decir, las imágenes que, arrancadas de todos sus contextos anteriores, aparecen como objetos de valor en los aposentos sobrios de nuestra comprensión tardía, como torsos en la galería del coleccionista. Sin lugar a dudas, es útil usar planos en las excavaciones. Pero también es indispensable la incursión de la azada, cautelosa y a tientas, en la tierra oscura. Quien sólo haga el inventario de sus hallazgos sin poder señalar en qué lugar del suelo actual conserva sus recuerdos, se perderá lo mejor. Por eso los auténticos recuerdos no deberán exponerse en forma de relato, sino señalando con exactitud el lugar en que el investigador logró atraparlos. Epico y rapsódico en sentido estricto, el recuerdo verdadero deberá proporcionar, por lo tanto, al mismo tiempo una imagen de quien recuerda, así como un buen informe arqueológico debe indicar no sólo de qué capa provienen los hallazgos sino, ante todo, qué capas hubo que atravesar para encontrarlos.

Lo cortés

Se sabe que las auténticas exigencias de la ética, la sinceridad, la humildad, el amor al prójimo, la compasión y muchas otras quedan relegadas a un segundo plano en la lucha cotidiana de intereses. De ahí que resulte tanto más sorprendente que se haya reflexionado tan pocas veces acerca de la mediación que el hombre buscó y encontró a ese conflicto hace milenios. Es la cortesía el verdadero punto medio, el resultado entre esos dos componentes contradictorios: la ética y la lucha por la existencia. La cortesía no es ni lo uno ni lo otro: ni exigencia moral ni arma en la lucha y, sin embargo, es ambas cosas. Con otras palabras: no es nada y lo es todo, según de qué lado se la mire. No es nada en cuanto es sólo una apariencia bella, una forma dispuesta a hacer olvidar la crueldad de la pelea que se disputa entre las partes. Y así como no llega a ser una norma moral estricta (sino sólo la representación de la norma que dejó de estar vigente), así también su valor para la lucha por la existencia (representación de su irresolución) es ficticio. Sin embargo, la cortesía lo es todo, allí donde libera de la convención tanto a la situación como a sí misma. Si la habitación donde se delibera está rodeada por las barreras de la convención como por vallas, la verdadera cortesía actuará derribando esas barreras, es decir, extendiendo la lucha hasta lo ilimitado, llamando en su ayuda a todas aquellas fuerzas e instancias que la lucha excluía, ya sea para la mediación o para la reconciliación. Quien se deje dominar por el cuadro abstracto de la situación en que se encuentra con su interlocutor, sólo podrá intentar triunfar en esta lucha mediante la violencia y, probablemente, quede como el descortés. La alta escuela de la cortesía requiere, en cambio, un sentido vigilante para detectar lo extremo, lo cómico, lo privado o lo sorprendente de la situación. Quien se valga de ese sentido vigilante podrá adueñarse de la negociación y, al final, también de los intereses; y será él, finalmente, quien, ante los ojos asombrados de su interlocutor, logrará cambiar de sitio los elementos contradictorios de la situación como si se tratara de los naipes de un solitario. Sin lugar a dudas, la paciencia es el ingrediente esencial de la cortesía y, tal vez, la única virtud que ésta toma sin transformarla. Pero la cortesía, que es la musa del término medio, ya les ha dado lo que les corresponde a las demás virtudes, de las que una convención maldita supone que sólo pueden ser satisfechas en un “conflicto de obligaciones”: le ha dado la próxima oportunidad al derrotado.

Buen consejo

Cuando a uno se le pide consejo, hará bien en averiguar en primer lugar la opinión de quien lo pide, para corroborarla luego. Nadie se convence fácilmente de la mayor inteligencia del otro y casi nadie pediría consejo si la intención fuera hacerle caso a un extraño. Es más bien la propia decisión, ya tomada en el fuero íntimo, la que se quiere volver a escuchar una vez más, por así decirlo, del revés, en forma de “consejo”. Lo que se espera de quien aconseja es justamente esta repetición de la propia idea y quienes piden consejo tienen razón. Porque lo más peligroso es concretar lo que se decidió solo, sin someterlo al intercambio de palabras como a un filtro. Por eso, quien pide un consejo ya resolvió la mitad del asunto y si se propusiera algo equivocado, será mejor ratificar su opinión con cierto escepticismo que contradecirlo con convicción.

Ese silbido

Según Goethe, la primera de todas las cualidades es la atención. Sin embargo, comparte su primacía con la costumbre, que le disputa el terreno desde el primer día. Toda atención debe desembocar en costumbre para no hacer estallar al hombre, toda costumbre debe ser alterada por la atención para no paralizarlo. La atención y el acostumbramiento, el escandalizarse y el aceptar, son la cresta y el valle de la ola en el mar del espíritu. Pero este mar tiene sus momentos de calma. No cabe duda de que alguien que se concentra totalmente en un pensamiento tortuoso, en un dolor y sus puntadas, puede caer en manos de un sonido débil, de un murmullo, del vuelo de un insecto que un oído más atento y más fino tal vez ni siquiera habría percibido. El espíritu, así se cree, se deja distraer más fácilmente cuanto más concentrado esté. Pero esta escucha atenta, ¿no es más bien el despliegue extremo de la atención y no su pérdida, no es el momento en que del seno de la atención parte la costumbre? Ese silbido o zumbido es un umbral y, sin que nos demos cuenta, el espíritu lo ha atravesado. Y pareciera que ahora no quiere volver nunca más al mundo habitual, ahora vive en uno nuevo, donde el dolor lo alberga. La atención y el dolor se complementan. Pero también la costumbre tiene un complemento, cuyo umbral atravesamos en el sueño. Porque lo que nos pasa en sueños es un descubrimiento nuevo y singular que surge del seno de la costumbre. Las vivencias cotidianas, los discursos triviales, el sedimento que nos quedó en la vista, el latido de nuestra propia sangre, eso que antes no notábamos, convierte al material, distorsionado y extremadamente nítido, en sueño. No hay asombro en el sueño ni olvido en el dolor porque ambos ya llevan su contrario en sí, igual como la cresta y el valle de la ola se funden en los momentos de calma.

El olvido feliz

El niño está enfermo. La madre lo acuesta y se sienta a su lado. Y después comienza a contarle cuentos. ¿Cómo se explica esto? Lo presentí cuando N. me contó de la extraordinaria virtud curativa que habían tenido las manos de su mujer. De esas manos decía: “Sus movimientos eran muy expresivos. Pero no habría sido posible describir su expresión. Era como si estuvieran contando un cuento”. Los Conjuros de Merseburg ya nos hablan de la curación mediante la narración. No es que sólo repitan la fórmula de Odin, sino que narran el contexto en el cual éste usó la fórmula por primera vez. También se sabe que el relato que el enfermo hace al médico al iniciar el tratamiento puede convertirse en el comienzo de un proceso de curación. Se plantea entonces la pregunta si no será la narración la atmósfera propicia y la condición más favorable para muchas curaciones. Sí, ¿no podría curarse incluso cualquier enfermedad si se la dejara fluir lo suficiente hasta la desembocadura sobre la corriente de la narración? Si se considera que el dolor es un dique que se opone a esta corriente, se ve claramente que este dique será desbordado cuando la corriente sea lo suficientemente fuerte como para conducir al mar del olvido feliz todo lo que encuentre en su camino. Las caricias le dibujan un lecho a esa corriente.

Walter Benjamin
* Fragmentos de Denkbilder, epifanías en viajes, que se publicará a principios de marzo (ed. El Cuenco de Plata).

viernes, 4 de febrero de 2011

Mensajito

Amigos:
Sé que michos de ustedes visitan el blog, pero sé muy poco de lo que piensan de él. Y, la verdad, me gustaría saberlo.
Hay espacios para dejar comentarios, y hay un espacio para seguir el blog /"Compañeros de Viaje". A veces es duro enfrentar el espacioen blanco... Me podrían prestar una brújula?
Gracias.

sábado, 29 de enero de 2011

El Recuerdo de una Huella Grande, Inolvidable...

24 de marzo
Por Osvaldo Soriano

"Recuerdo aquel día del golpe de Estado que me tocó vivir desde Bruselas: el noticiero de la televisión belga mostraba tipos bigotudos, ceñudos y entorchados que parecían la caricatura de una irrecuperable republiqueta bananera. Esa mañana que supe que había perdido la Argentina de mi infancia, la de mi escuela y mi primer trabajo. Perdía, como millones de compatriotas, cosas íntimas e intransferibles; dejaba atrás una manera de explicarme la vida, los fundamentos sobre los que había construido mi propio imaginario. Tenía treinta y tres años recién cumplidos. Luego maduré boxeando contra la sombra de la dictadura, lejos, sin pensar mucho en mí, contando muertos, atragantado por nuevos rencores. Fui, con las Madres de Plaza de Mayo, con Cortázar, Osvaldo Bayer, David Viñas, con miles de otros mejores que yo, uno más de lo que los militares llamaban "campaña antiargentina". Ese es uno de mis más íntimos orgullos.
La dictadura ha significado, para mí, el mal absoluto. No me salen matices para explicarla. Quiero decir, asimilo a aquellos militares con el régimen nazi y eso me impide comprender las razones de los que trabajaron de cerca o de lejos para ella, de los que colaboraron e incluso de quienes fueron actores pasivos pero conscientes. No les creo una palabra a los que dicen aún hoy "yo no sabía lo que pasaba". Me es imposible perdonar aquel "por algo será", el "somos derechos y humanos". Me siguen pareciendo inexcusables las conversaciones y los toqueteos con el poder. Los almuerzos de intelectuales con Videla. La estrategia de la reverencia, el codazo y la palmada. Era mejor estar equivocado contra la dictadura que tener razón obedeciéndola."



Osvaldo Soriano nació en Mar del Plata en enero de 1943. En 1973 publicó su primera novela Triste, solitario y final, traducida a doce idiomas. En 1976, después del golpe de Estado, Soriano se trasladó a Bélgica y luego vivió en París hasta 1984, año en que regresó a Buenos Aires. En 1983 se conoció en Buenos Aires No habra mas penas ni olvido, llevada al cine por Héctor Olivera, que ganó el Oso de Plata en el festival de cine de Berlín. En 1983 se publicaron seis ediciones de Cuarteles de invierno, ya considerada la mejor novela extranjera de 1981 en Italia, y llevada dos veces al cine. En 1984 apareció Artistas, locos y criminales , y en 1988 Rebeldes, soñadores y fugitivos, colecciones de textos e historias de vidas. Ese mismo año se publicó A sus plantas rendido un león, la novela de más éxito editorial de los últimos años. Entre 1989 y 1990 escribió Una sombra ya pronto serás, llevada al cine en 1994 una vez más por Héctor Olivera . En 1993 publica Cuentos de los años felices, historias cortas, la mayoría de las cuales aparecieron en el periódico Página/12, del cual Soriano es asiduo colaborador.Las novelas Triste, solitario y final, No habrá más penas ni olvido, Cuarteles de invierno y A sus plantas rendido un león han sido publicadas en veinte paises y traducidas a los idiomas inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés, griego, polaco, húngaro, checo, hebreo, danés y ruso. Murió el 29 de enero de 1997 en la Ciudad de Buenos Aires.

viernes, 28 de enero de 2011

"Ganado tengo el pan, hágase el verso..."

El 28 de Enero de 1853 nace en La Habana, Cuba, unos de los grandes  de nuestra América: José Martí. Escritor, orador, peridista, poeta, diplomático, político y revolucionario, cuyos pensamientos e ideas iluminaron la vida republicana de Cuba y de toda América. A los 16 años fue encarcelado y luego deportado a España por sus ideas revolucionarias.  Vivió en México, Guatemala y Estados Unidos, donde fundó el Partido Revolucionario Cubano, en 1892. Su oratoria y espíritu incansable, unió a los cubanos en la gesta libertadora que culminó en la Guerra de Independencia, en la cualparticipa, encontrando la muerte en la batalla de Dos Rios, provincia de Oriente, en 1895. Como escritor, es considerado uno de los  precursores del "Modernismo" latinoamericano.

    


"...en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país..."

José Martí; "Nuestra América". Publicado en le Revista Ilustrada de Nueva York; 10de Enero de 1891.

lunes, 24 de enero de 2011

Cuando la mar, la mar

Veinte Razones para Leer a Oliverio Girondo

Por Juan Sasturain, para Página/12

Cinco por la negativa: las carencias

Uno. No saber quién es. Es el mejor motivo y el que a él más le hubiera gustado. Enterarse de que es –para muchos– el mejor poeta argentino del siglo XX es un dato que puede despertar al menos la curiosidad, primer paso hacia la posibilidad de tener una aventura; quiero decir: una experiencia que nos cambie la vida. Conocer a Girondo vale la pena precisamente por eso: te deja diferente de cómo te encontró.
Dos. No haberlo leído. Es una suerte, como no haber leído todavía a Pessoa o a Pound. O no haber ido a China o no conocer Africa. Se te abre un mundo desconocido, una puerta. A mí me pasó cuando tenía algo más de veinte, en la segunda mitad de los ‘60, y el Centro Editor lo reeditó en una colección barata y popular. Después encontré la edición de Losada de Persuasión de los días, de 1942, en Fray Mocho. Es lo que más me gusta de él. La tengo todavía.
Tres. No leer poesía en general. Oliverio está especialmente indicado para los prejuiciosos o escaldados por algún contacto negativo con textos poéticos que les provocaron desconcierto/rechazo/alergia/fastidio. Girondo se entiende y se disfruta. No necesita exégetas ni mediadores letrados (que los hay, casi en exceso). Jamás un libro suyo se te cae de la mano. Reconcilia con la poesía.
Cuatro. Estar amargado / estar engrupido. La lectura de Girondo (como la de Drummond de Andrade, por ejemplo) vacuna contra la estupidez de la queja sistemática y/o la autosatisfacción del acomodado en su molde comprado a plazos. Ni la hipocresía ni la autoconmiseración.
Cinco. Querer amasijarse / ser un boludo alegre. Incluso en sus momentos más jodones y festivos, Girondo habla en serio: nunca es solemne; y en los momentos de mayor desesperación –que los tiene– tiene la humildad de admirar el Misterio de lo dado y reconocer el Error, la soberbia pretensión manipuladora de saberes e instituciones (incluso el mismísimo lenguaje). Por eso nunca es patético. Te cura de la soberbia elocuente (regodeo en el sinsentido) y de la ignorante (hacerse el boludo).

Cinco por la positiva: los libros

Seis. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922) y Calcomanías (1925). Su primer libro, desprejuiciado fundador de la vanguardia argentina de los ‘20, son viñetas, croquis, apuntes tomados al paso de Mar del Plata a Venecia, de Buenos Aires y Río de Janeiro a Venecia. Ahí está el “Exvoto”: “Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos para transmitirse los estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas del miedo de que el sexo se les caiga en la vereda”. Famoso. El segundo salió en España, con dibujos suyos. “Calle de las sierpes”, Sevilla, 1923: “Cada doscientos cuarenta y siete hombres / trescientos doce curas / y doscientos noventa y tres soldados / pasa una mujer”.
Siete. Espantapájaros (1932). El primero editado en Buenos Aires, y el más perfecto hasta entonces. Dos docenas de breves prosas inolvidables, algunas inquilinas habituales de toda antología: las setenta y dos acciones amorosas del texto 12. “Se miran se presienten se desean / se acarician se besan se desnudan / se respiran se acuestan se olfatean”. Las maravillosas maldiciones del 21: “Que te enamores tan locamente de una caja de hierro que no puedas dejar, ni un momento, de lamerle la cerradura”. Qué bárbaro.
Ocho. Persuasión de los días (1942). Son poemas existenciales, si cabe; la pura intemperie espiritual sin ningún tipo de franela compensatoria. “Dicotomía incruenta”: “Siempre llega mi mano / más tarde que otra mano que se mezcla a la mía / y forman una mano (...) Por eso es muy posible que no acuda a mi entierro / y mientras me riegan de lugares comunes / yo me encuentre en la tumba / vestido de esqueleto / bostezando los tópicos y los llantos fingidos”.
Nueve. Campo nuestro (1946). Ya a fines del ’30 había vuelto –con la crisis, con la guerra, con el desastre europeo– a mirar para adentro, a reflexionar sobre la cuestión nacional: la cultura, la economía, incluso el paisaje. Hay varias versiones, hasta el cincuenta, de sus poemas a la (redescubierta) pampa primordial, vaca madre, plana nada elocuente. Es el Girondo menos conocido y manipulable.
Diez. En la masmédula (1956). Es el final, el salto en el vacío experimental, la ruptura de las palabras y de la sintaxis, la busca absoluta. Es el Girondo que seduce a surrealistas tardíos (Molina) y marca el camino de la puesta en tensión extrema del instrumento que empujará a la larga a algunos de los mejores, como Lamborghini, a sus propios confines. “El puro no”: “El no / el no inóvulo / el no nonato / el noo (...) / el macro no ni polvo / el no más nada todo / el puro no / sin no”. Apaga y vámonos.

Cinco por cuestión de salud

Once. Saber reír. Con Girondo, el humor irrumpe en la poesía argentina como un pedo en misa, un chiste verde en un velorio, un codazo en un desfile. Se da y concede permisos. Del humor ingenioso –que comparte con Ramón Gómez de la Serna, por ejemplo– saltará al humor negro y escatológico. No es un adorno, ni un chiste. Es una manera (la única digna) de mirar el mundo.
Doce. Cagarse en (casi) todo. La irreverencia (“¡Se celebra el adulterio de la Virgen María con la Paloma Sacra!”, de “Verona”) y la provocación iconoclasta que picotea los bordes de los tabúes con ingenio y desparpajo tienen una violencia corrosiva inusitada. Espantapájaros, por ejemplo, no es sólo una provocación sino un libro memorable, único para su época y para nuestra cultura.
Trece. Saber enojarse. Girondo no es un ruidoso payaso oportunista íntimamente integrado sino un observador feroz de la sociedad y las costumbres perversas de su tiempo. “Lo que esperamos”: “Yo sé que todavía / los émbolos / la usura / el sudor / las bobinas / seguirán produciendo / al por mayor / en serie / iniquidad / ayuno / rencor / desesperanza / para que las lombrices con huecos portasenos / las vacas de embajada / los viejos paquidermos de esfínteres crinudos / se sacien de adulterios / de hastío / de diamantes / de caviar / de remedios”.
Catorce. Celebrar la vida. Porque a la hora de reconciliarse con el mundo, ya despojado del “miasma” del comercio humano, a contrapelo de una “civilización” descaminada, Girondo descubre –y sabe revelar para nosotros– el soberano estupor ante lo natural visto con mirada adánica. “Inagotable asombro”: “Este perro / este perro / ¡Indescriptible! / ¡Unico! / (...) Cotidiano, inaudito / que demuestra el milagro / que me acerca al Misterio / que dan ganas de hincarse / de romper una silla”.
Quince. Angustiarse en serio. Pocas veces en la poesía contemporánea –en la latinoamericana, sólo en Vallejo– la expresión de la angustia ante las cuestiones de sentido que atraviesan al poeta en vida y muerte, alcanza la radicalidad –sin clichés ni recetas verbales o existenciales– del último Girondo. En la masmédula es, como sucede con un solo de Parker, un gesto definitivo e irreductible.

Y cinco porque sí

Dieciséis. El nombre que le pusieron. Llamarse así no suele ser gratis. Qué hace alguien que se llama así. Y de chiquito. Hay que bancársela. Creo que en su caso fue un estímulo: debió estar a la altura, con ese nombre de payaso, equilibrista o político radical al estilo Crisólogo Larralde. Toda su obra es un comentario, una prolongada digresión tragicómica a partir de su nombre.
Diecisiete. La cara que tenía. También tuvo que hacer algo con la cara, remontarla. En eso, como Macedonio (otro que vino con un plus nominativo), ganó cara y equívoca venerabilidad con el tiempo. Era de ojos saltones, dientudo y con mentón fugitivo: las caricaturas de la época son alevosas. La barba lo disfrazó, pero operando al revés de las caretas: lo puso grave, reservando la gracia y la ironía para los ojos.
Dieciocho. Las cosas que hacía. Las jodas famosas, la prolongada estudiantina, su espíritu juguetón, iconoclasta. El memorable lanzamiento por calle Florida, en coche fúnebre, de Espantapájaros, con el muñeco de la tapa, dibujado por Bonomi, convertido en escultura de papel maché, y con chicas vendiendo el libro.
Diecinueve. La mujer con la que se casó. Un hombre también se justifica/explica por las mujeres que amó y lo amaron. Oliverio conoció a la brillante colorada Norah Lange en 1926 y se casaron en el ‘43. Fue su mujer, su amiga, su cómplice talentosa. La oradora de banquetes que supo reunir en Estimados congéneres, la memoriosa de Cuadernos de infancia, la novelista de Personas en la sala.
Veinte. Las fechas del almanaque. Acaso sea un pretexto que hoy, 24 de enero, se cumplan 44 años de la muerte de Oliverio, en el verano de 1967. Norah lo sobrevivió sólo cinco más. El otro pretexto que nos da el almanaque para leer a Girondo es que este año, el 17 de agosto, se cumplen 120 de su nacimiento en 1891. A ver si nos acordamos.

El Gran Oliverio

12 

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangunlan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
 

Oliverio Girondo

Nació en Buenos Aires, en el año 1891, se dedicó a la poesía y al periodismo. Participó en revistas como: Proa, Prisma y Martín Fierro, en las cuales también participó Jorge Luis Borges.
Entre su obra poética se encuentra: "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía" (1922), Calcomanías (1925), Espantapájaros del año 1932, Interlunio (1937), Persuasión de los días (1942), Nuestro campo (1946). Cabe mencionar que sus poemas fueron leídos en la película "El Lado Oscuro del Corazón", en la cual también participó Mario Benedetti.
Un 24 de Enero de 1967, Oliverio inició su viaje hacia el recuerdo, dejando una profunda huella en esta Vida..


 



domingo, 23 de enero de 2011

Laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo de la fiera.


Jorge Luis Borges

A menudo la Vida se nos presenta como un laberinto, con sus vueltas y revueltas, sus caminos paralelos,  sus bifurcaciones y sus callejones sin salida.
En nuestro diario transitar, solemos perdernos en las marañas de la rutina, en la disyuntiva de discernir entre lo necesario y lo imprescindible.
Y en medio del torbellino cotidiano, muchas veces no reparamos en la belleza de los pequeños gestos: un abrazo, un beso, una palabra de afecto... O tan solo el elemntal acto de sentarnos junto al otro a contemplar una flor, tomados de la mano.

sábado, 22 de enero de 2011

El "Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios", de Málaga

Aclaro que este es solo un articulo de entretenimiento no encontre evidencia que sustente la existencia de estas peculiares damas.

Monjas

En diciembre de 1840, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.
Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.
La autora de tan peculiar idea, había sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a “pajillear” a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su “pajilla” diaria. Los resultados fueron inmediatos.
El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.
Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.
El gran éxito del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga hizo que proliferaran no sólo en España (el Cuerpo de Palilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República), sino también en América latina donde las pajilleras tuvieron trabajo durante la guerra civil mexicana.
Grupos como las Hermanas de la Consolación (organización laica de creencias religiosas) ayudaron a los combatienes mejicanos que recibian consuelo desde las manos de tan dedicadas y delicadas Hermanas, hecho que llevo a ser conocidas como las mami-chingonas o las ordeñamecos.
De México la costumbre pasó a las Antillas, en donde tuvieron particular éxito las “sobagüevo” dominicanas, sexagenarias que dedicaban sus tardes en esta peculiar forma de servicio social.
El último lugar en América donde hicieron fortuna estas abnegadas damas, fue el Brasil. Allí la columna Prestes fue acompañada en su marcha por una trouppe reducida pero eficiente de damitas paulistas –llamadas beixapau- que acaban con la pena de los soldados con sus movimientos de manos.
La costumbre desapareció tras la segunda guerra y hasta la fecha se desconoce la existencia de otras congregaciones.
Diversas fuentes orales a orillas del Paraná comentan que en la villa conocida en el siglo XIX como Pago de los Arroyos, hubo un pequeño agrupamiento dedicado durante algunas décadas a esta actividad. Eran conocidas como las “Hijas de Nuestra Señora del Vergo Encarnado”, en referencia y dudoso homenaje póstumo a su anciana fundadora, fallecida con las manos en la masa, junto a un soldado, en su día de descanso.

jueves, 20 de enero de 2011

Génesis

Y el hombre creó a Dios, a su imagen y semejanza.
Y hubo amor, y placer, y virtud en el mundo. Y los días fueron largos, demasiado largos.
Entonces el hombre creó al Demonio, a su imagen y semejanza.
Y hubo así amor y odio en el mundo, placer y dolor, virtud y pecado.
Y los días fueron cortos, muy cortos.
Y fue bueno vivir.


H. G. Oesterheld

Héctor Germán Oesterheld nació en el año 1919, en Buenos Aires.  Fanático de H. Melville y Joseph Conrad, a partir de 1950 comienza a escribir guiones de historietas y relatos de aventuras.
Publicó en las revistas "Misterix", "Hora Cero", "Frontera", entre otras. Sus personajes más conocidos son Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike, Sherlock Time y Mort Cinder. Pero es sin dudas El Eternauta la creación que le ha dado un lugar entre los maestros de la historieta, y le permitió superar ampliamente el género. Apareció por primera vez en 1957, en la revista "Hora Cero Semanal" con dibujos de Solano López. Más tarde modifica algunos detalles del guión y la publica en "Gente" con dibujos de Alberto Breccia, pero por problemas con la editorial, Oesterheld es obligado a terminar la historia en tres entregas, transformándola en un resumen de la historia original de "El eternauta". En la década del setenta aparece la segunda parte en la revista "Skorpio", otra vez de la pluma de Solano López. A principios de la década del setenta se incorporó a la organización Montoneros. El 27 de abril de 1977, durante la última dictadura militar argentina, fue secuestrado en La Plata. Estuvo detenido en Campo de Mayo y en una cárcel clandestina de La Tablada. Se cree que fue asesinado en Mercedes.
Sus cuatro hijas también están desaparecidas..

miércoles, 19 de enero de 2011

ELADIA BLAZQUEZ - HONRAR LA VIDA

Editorial

La Vida está llena de espacios en blanco esperando que escribamos nuestras experiencias. Las experiencias no son ni buenas ni malas; son vivencias que, de una u otra manera, nos marcan. en nuestro vivir, nuestro hacer, nuestro compartir.
La Vida es un transitar haciendo. Al caminar vamos dejando huellas. Al hacer vamos dejando obras. Al obrar vamos compartiendo, y en ese compartir vamos sembrando futuro.
La Kronosphera Del Terranauta es un pequeño intento de plasmar mis huellas. Es un espacio íntimo; pero también es un espacio público, destinado a compartir aquellas vivencias de nuestro terreno transitar por el tiempo.
Y el Tiempo es un hacedor de huellas.
Mis queridos compañeros de viaje, Bienvenidos a la Esfera del Tiempo!